Reseñas

Acoso Callejero y el trabajo de #OCAC

Caminar en paz por la calle es un derecho. Uno que no toda la gente disfruta por igual. Mujeres, hombres, niños, niñas, transexuales, homosexuales, lesbianas y cualquier grupo divergente a la masculinidad adulta y tradicional no sienten seguridad cuando caminan por las calles, cuando andan en micro, cuando pasean en un mall. No sienten seguridad, no la sentimos. La sensación de seguridad se anula cada vez que alguien nos mira con excesiva atención, que nos viola con las palabras, que nos toca sin nuestro consentimiento.

Hay personas trabajando para cambiar esto. El Observatorio Contra el Acoso Callejero de Chile (OCAC Chile) nace justamente por esta demanda ciudadana, para que el espacio público sea un lugar seguro, sin agresiones ni agresores sexuales. El escenario es complejo, pues luchamos con imaginarios instalados como “culturales” e incluso “pintorescos”. Hoy, decirle un “piropo” a una mujer -del tenor que sea, “amable” o violento- está socialmente aceptado. Cambiar esa realidad considerada normal y natural es uno de nuestros mayores desafíos.

Hay gente que dice “estoy de acuerdo con ustedes, pero es muy difícil cambiar a la sociedad”. Es cierto, la tarea es monumental, sin embargo, hay cosas que sí podemos hacer, que podemos hacer ahora mismo, que contribuirán a cambiar este escenario de una vez y para siempre: decir basta y dar la pelea.

Si el espacio es público, entonces nos pertenece a todas y todos. No es posible que la calle sea un lugar de privilegios, un lugar donde un grupo ataca y otro es vulnerado. No es tolerable que algunos deseen mantener esos privilegios, cuyo precio es menospreciar al resto. Los privilegiados tienen el deber de despertar, razonar sobre el poder que ostentan, y comenzar a respetar a quienes alguna vez fueron sus víctimas. Los demás tenemos el deber de reaccionar y no permitir que nuestros derechos sean transgredidos. No hay una razón real para mantener y reproducir relaciones desiguales que nos dañan como sociedad.

Necesitamos decir basta, necesitamos denunciar públicamente cuando sufrimos una agresión o cuando somos testigos de la agresión hacia otra persona. Necesitamos que el acoso sexual callejero sea reconocido como una forma de violencia de género, que existan cambios educativos y culturales potentes para que la sociedad rechace estas conductas. Necesitamos reescribir los códigos culturales que organizan nuestras acciones en las calles. Necesitamos una legislación responsable, con un enfoque sancionatorio y sobre todo preventivo. Necesitamos dar la pelea por recuperar la calle para que mujeres y hombres disfruten por igual del, hasta ahora, exclusivo privilegio de caminar sin miedo por las calles, a cualquier hora del día y en cualquier circunstancia.

Esta lucha por la equidad de las personas la pensamos especialmente para quienes son más vulnerables: mujeres, adolescentes, niños y niñas. Exigimos igualdad en un contexto de violencia de género, apelamos a una sociedad mejor. Ésa es la cruzada del OCAC Chile: levantar la bandera de la igualdad de derechos entre todos y todas. ¿Te nos unes?

¿Qué es el acoso sexual callejero (ASC)?
Son prácticas de connotación sexual ejercidas por una persona desconocida, en espacios públicos como la calle, el transporte o espacios semi públicos (mall, universidad, plazas, etc.); que suelen generar malestar en la víctima. Estas acciones son unidireccionales, es decir, no son consentidas por la víctima y quien acosa no tiene interés en entablar una comunicación real con la persona agredida.

Las prácticas de acoso sexual callejero son sufridas de manera sistemática, en especial por las mujeres, ocurriendo varias veces al día desde aproximadamente los 12 años, lo que genera traumatización no sólo por hechos de acoso especialmente graves, sino por su recurrencia.

¿Por qué el ASC es violencia?
Porque es una práctica no deseada, que genera un impacto psicológico negativo y que las personas, especialmente mujeres, pueden vivir varias veces al día desde los 12 años, en promedio.

Los efectos del acoso se demuestran en acciones cotidianas de la víctima como:

-Cambiar los recorridos habituales por temor a reencontrarse con el o los agresores.
-Modificar los horarios en que transita por el espacio público.
-Preferir caminar en compañía de otra persona.
-Modificar su modo de vestir buscando desincentivar el acoso.

¿Qué prácticas son consideradas ASC?
-Miradas lascivas
-“Piropos”
-Silbidos, besos, bocinazos, jadeos y otros ruidos
-Gestos obscenos
-Comentarios sexuales, directos o indirectos al cuerpo
-Fotografías y grabaciones del cuerpo, no consentidas y con connotación sexual
-Tocaciones (“agarrones”, “manoseos”, “punteos”)
-Persecución y arrinconamiento
-Masturbación con o sin eyaculación y exhibicionismo

¿Por qué no es culpa de las víctimas?
Todas las personas tienen derecho a transitar libremente y con la confianza de no ser violentados, independiente del contexto, la edad, la hora del día o el vestuario que ocupa la persona agredida, los derechos humanos no dependen ni se suspenden por detalles del entorno. No hay excusas ni justificaciones para el acoso sexual callejero.

Es violencia de género, pues refleja en el espacio público la desigualdad de poder entre hombres y mujeres, a través del abuso sexual. En la actualidad, la violencia sexual es penada y no tolerada en otras situaciones y contextos (acoso laboral, estupro, violación), pero está pendiente sancionarla cuando ocurre en los espacios públicos.

Algunas manifestaciones de acoso sexual callejero son aceptadas como “folclóricas” o “tradicionales”, lo que tampoco debe ser argumento para tolerar esta vulneración. La violencia no puede ser patrocinada con orgullo por ningún pueblo o nación.

A la vez, el acoso callejero se vincula a la “coquetería” y sexualidad. Cada cual tiene derecho a experimentar su sexualidad como estime conveniente, siempre que no atropelle las libertades del resto. Quienes manifiestan su incomodidad y rechazo tienen derecho a mostrar su incomodidad. Asimismo, quienes acostumbran a acosar, deben comprender que han confundido la coquetería y galantería con violencia sexual.

Por todo lo anterior, las víctimas no deben sentir culpa o vergüenza por sufrir acoso sexual callejero, puesto que NUNCA ES SU CULPA. Lo importante es reflexionar de manera crítica y consciente, teniendo en cuenta que esta problemática afecta a personas particulares, pero responde a un fenómeno social complejo.

(Noticia desde el sitio de OCAC, puedes leerla aquí)

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