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¿Qué estamos haciendo?

el mundo está como está
porque todos tienen mala voluntad. (…)

(Evelyn Cornejo, La Chusma Inconsciente)

Nota I

              Consulta originaria con un psiquiatra experto en enfermedades del ánimo. Es mi estreno como adolescente patológica que todavía no tiene ni sus veintes. Viajamos a Vitacura con mi madre por primera vez. Silente del pánico en un decorado de elite frente a un psiquiatra ortodoxo que no toca a sus pacientes. Muestra un rictus mandibular sin ninguna gestualidad que demuestre diálogo emocional alguno con otro ser humano.

              Sin haber pronunciado ninguna palabra sobre mi, mis comportamientos o temores, me pregunta si soy lesbiana [pregunta binaria – tendenciosa sobre identidad sexual]. Antes de pronunciarla, fijó su inspección en mis bototos y pantalones negros hiphoperos. Las categorías fluidas u otras lejanas a la heterosexualidad obligatoria como régimen de producción de polis no existe (Adrienne Rich, 1980). O dicho de otro modo, no era tan mujer para él. El goce de las listas de criterios diagnósticos a través del prejuicio sexual ocularcentrista. Estoy aterrada.

              Hay una profunda externalización en este gesto de “cuidado parental”. Externalización que desde ese momento me va desapropiando de mi subjetividad, y me sitúa como objeto difícil. Negar el carácter sistémico de esta genealogía familiar ha sido uno de los obstáculos para la construcción sana de mi existencia.

¿Asumí el sacrificio maya de mi núcleo familiar? ¿Hice mi propio Harakiri?

Nota II

              Vivo mi primera depresión en casa de mis padres. Congelo un semestre de la Universidad. El mismo psiquiatra dispone de tecnologías farmapornográficas para inundarme de censura, inseguridad, e inoperancia de inmadurez de mis propios procesos. Diez medicamentos cada dos semanas, y para que hablar de su placer impúdico con los fármacos.  Me ha dispuesto secundado por mis progenitores como sujeta experimental / sujeta clínica. Deshumanización casi completa. Una Valentina como cuerpo muerto y dócil.

Nota III

              Otro ciclo de concepción y práctica de la psiquiatría. Debo ir a otro psiquiatra de estatus en la quinta región vinculado a mis redes afectivas familiares. Atención engendrada desde la gratuidad como beneficio/privilegio. Psiquiatra que me deriva a su staff de terapeutas desde una posición suprema. El acto consustancial de elegir y tomar mis propias decisiones respecto a los profesionales que quiero visitar está vetado. Por lo mismo, mis problemas de relación con mi cuerpo no se colectivizan, no hay mediación con el afuera (publicidad, medios, machismo, estereotipos, relaciones de pareja, familiares) ¿Cómo yo voy a experienciar estas dificultades? Hábitos que mujeres escondemos, y comprendo profundamente ese ocultismo, ya que no queremos recibir otros tipos de violencias, además de la estructural: médica, en la clínica terapéutica y en sus recovecos institucionales que no son traducidas sino como meras exageraciones nuestras ¿La diversidad corporal esconde serias patologías o se patologiza la diversidad corporal desde la ciencia e intelectualidad construida desde un androcentrismo situado, clasado, generizado? Otra dimensión de la misoginia implícita a la diferencia de las mujeres. Desde ese lugar, su significación restringida de la terapia es secundaria.

Nota IV

              Decantado de su equipo de terapeutas: La academicista que cree leer subyacentemente mis preguntas respecto a mi relación de pareja por sobrededucción automática o proyección. La psicóloga cuántica que me subraya que no puedo tener pulsión suicida por mi futura mala reencarnación. Otra imposición, ahora desde su propia doctrina religiosa ¿Le importa saber que deambulo entre el neodarwinismo de Dawkins, la teología de la liberación a lo Cardenal o un ferviente Andacollismo por tradición familiar interpuesto con la historia de Lilith?

              Cuando salgo rampante en mi búsqueda, aterrizo en una casa de terapias que tiene su propio anfitrión en el polo gastronómico de la ciudad. El anfitrión me sugiere una psicóloga particular dada su experiencia, muy à  la carte. Mientras espero, veo que las vitrinas están llenas de todo tipo de brebajes y ungüentos sanadores de cuerpo & alma. No dejo de sentirme en el libro de Eva Illouz La salvación del alma moderna (Katz, 2008). Trato de superar mis desconfianzas a la moda holística, mientras tomo el té de hierbas que me ofrecen gratis, degusto mi échantillon.

              La psicóloga clínica me saluda, al presentarme yo con etiquetas laborales, obtengo una mirada desafiante, luego en tono evaluativo me pregunta ¿Has leído a Eckhart Tolle? No, contesto. Otro superventas por el libro El poder del ahora (Ed de bolsillo, 1997). En mí, lo único que puede, es la autoayuda de género, ni hiperbólica ni grandilocuente. Me considero lectora del subgénero literario afirmaciones para… Cuando tomo aviones por asuntos laborales. En esas situaciones, les confío mi estabilidad y templanza por el bien de todo pasajero y mío. Lo he confesado en más de algún encuentro social mediado por la amistad.

Nota IV.I

              Me he encontrado con el nuevo mesías de otra subcultura de psicólogos, y estas pleitesías sectarias exponenciales brotan aproblemáticas. No me refieren a Hannah Arendt en La Condición Humana (Paidós, 1993), ni Juliet Mitchell[1] o a Gabriela Mistral en Locas Mujeres (LOM, 2003).

Me habla a través de Eckhart Tolle. Narro mis aprehensiones amorosas y me responde: “Te lo digo como mujer”. Absorta, empiezo a vislumbrar otro hilo más; yo soy la que soy, un acto de habla narciso prefigurado de su propio paganismo ¿Sororidad sin anclaje?

              No hay concurrencia ni vigía en estas ejecuciones clínicas, sino obligaciones, mandatos, imperativos que  transversalizan hasta ahora esta decantación: Tienes que, debes, lo que tú necesitas es… ¿El imperativo de la psicología clínica como repertorio de técnicas sinsentido respecto de sus interlocutores? ¿Como dispositivos evangelizadores? No hay implicación conmigo, derechos exacerbados a la sobreatribución constante.

Elaboración en curso

              Ustedes loqueros se han vuelto los mismos procedimientos. Han sido capturados, sugestionados por reglas nemotécnicas, por el capitalismo emocional, por la psicopolítica didáctica de bolsillo de Byung Chul Han (Herder, 2014), por las pildoritas New Age (ver sitio Gaia.com) o por los vestigios de Maturana y Varela ahora en formato managerial. Paralelamente, recitan estos Mantras: 1. Mantra plurifuncional “El lenguaje crea realidad”, (Maturana & Varela, Lumen, 1984) 2. Mantra de la toxicidad, que esconde al parecer que todos son tóxicos menos usted o yo. 3. Mantra de aprenda a poner límites en formato de lámina ilustrada (Semejante al punto 2). 4. El Mantra del equipo de MindValley liderado por Marisa Peer “Soy suficiente” (ver sitio Mindvalley.com). 

              Un torcimiento a esta mantrificación, es por otra parte la banalización de la psiquiatría a través  del empleo de diagnósticos en su función paródica o injuriosa en conversaciones casuales. Derivas a partir de la permeabilidad discursiva de sus tecnicismos. Que chorree algo de status frente al analfabetismo funcional. El status se intensifica si el torcimiento es desde el psicoanálisis post-freudiano. Hemos abandonado el vértigo imaginativo, creativo, metódico y reflexivo complejo trascendente territorializado (Morin, Introducción al pensamiento complejo Gedisa, 1990).

              Otro asunto que propongo aquí en carácter de aproximación como paciente fetichizada, es la selección e incorporación de nuevas patologías en los manuales DSM sin criterios transparentes en sus dimensiones éticas, ni técnicas médico-científicas. Manuales DSM revestidos de inocuidad estética en su calidad de libro-objeto. Desde aquí, es el único eje inocuo que posee esa representación como artefacto. Su sobreconceptualización en marcos de poder amparada en branding farmacéutico, el neuromarketing impulsado por los laboratorios, su tráfico de influencias, sus derivados en economías institucionales, familiares hasta personales del mundo médico, visitadores médicos y sus utilidades materiales – simbólicas en el gremio partícipe se desdibuja fluorescentemente.

 Estas subculturas de médicos psiquiatras y psicólogas/os, están sostenidas desde las jerarquías de profesiones otorgadas con mayor vigencia y visibilidad desde la Pandemia. Mas, su latencia operativa está en estas teleconsultas cada vez más telegráficas. Urge resignificar sus propias prácticas desde lo ancestral, lo contemporáneo y lo que no tiene protocolo lingüístico por ahora. Legitimar nuestras narrativas, subjetividades, cuerpos, sistemas de significación, saberes, ideologías, conocimientos, resistencias, fracturas, desigualdades y creencias. Otras lógicas que movilicen lo aprendido ampliando el abanico de  profesiones responsables.

              La ruta de la salud pública está intervenida por dispositivos estatales-gubernamentales miserables, donde rotan profesionales precarizados sin compasión ni benevolencia, delinean entregas poco oportuna de medicamentos, tiempos institucionales que desbaratan los tiempos subjetivos de quienes consultan. Y una inscripción de la enfermedad como epílogo sin interludios. Somos una representación de objetos inanimados como una radiografía o un escáner. Según dispone Anelis Kaiser (El mostrador, 2019 )en una elaboración subcompleja de las preguntas en el caso de las (neuro)ciencias[2] ¿Les pertenecemos úicamente para probar drogas legales y liberarlos al mercado? (Leer y  discutir hacia una psiquiatría crítica, Alberto Ortiz Grupo 5, 2013).

Bosquejo

¿Cómo sobrevivimos a estas dislocaciones?

              A esta sensación de que está todo dicho de nosotros, que no somos necesarios para que conozcan de nosotros y menos nosotras(es) ¿la coinvestigación desde la multicorporalidad? ¿Las autoetnografías en asociación con la tecnología?

              La psicología clínica aparece hoy como la disciplina rockstar de las ciencias sociales. No hay regulación profesional, la investigación para la práctica clínica se ha entendido como la deducción literal-idéntica de sintomatologías y criterios diagnósticos. Psicología vespertina y executive en universidades con   mínimas acreditaciones en sombríos sistemas de acreditación ¿Qué lógicas hay detrás de estas elecciones vocacionales bajo el halo de elecciones individuales?

              Me tropiezo con una de las negligentes soluciones concedidas por un conocido psiquiatra que postulaba en un canal de noticias que lo efectivo es diagnosticar temprano patologías mentales en sincronía al SIMCE, es decir, legitimar pruebas estandarizadas y universalizar diagnósticos en el aula. La escuela fortalecida como escenario discriminador, homogenizador; sinónimo de hospital para las infancias.

Nota V

              Visita terminal a la dupla Psiquiatra-Psicólogo. Asisto a la consulta de un psicólogo clínico con enfoque cognitivo conductual que certifica una terapia basada en evidencias. Este psicólogo se tituló en una universidad que no existe. De una institución de muy baja selectividad plagada en fraudes: direcciones de carrera por profesionales que falsificaron sus títulos en un cambalache, que robaron dinero a estudiantes y trabajadores. Le comento esto a mi psiquiatra y me contesta: ¿Y? Con un tono bravo. Este psicólogo que posteriormente hizo una sucinta formación en una Universidad del CRUCH para tapar ese pasado. Olfateo ese discurso meritocrático como justificación a la inexistencia de calidad en esa institución de educación superior. 

              Sus destrezas son aterradoras: Ofender a mi pareja de ese entonces. Instruirme moralmente sobre mis prácticas sexuales desde una misoginia y conservadurismo explícito.

              Su discurso moral se elabora desde la cortina de hierro de su club de Toby y sus máximas. Ser mujer deseante, incluso hoy,  es una condena desde la masculinidad hegemónica en Chile. En esta demarcación geográfica, hombres pueden hablar de sus deseos y enamoramientos desde que tienen 3 años de edad, compartir material pornográfico cotidianamente en Whatsapp, y perpetuar libremente la cosificación sexual ante el erotismo (Ver TOS – Caroline Heldman, 2012).

              Matarnos, violarnos, acosarnos, patologizarnos con el amparo de competentes psiquiatras, psicólogos, periodistas, animadoras/es. Desde variados dispositivos nos vulgarizan bajo la despolitización de nosotras como sujetas (Rita Segato, 2019). En algunos de mis afectos mixtos tengo respuestas similares: “puta feminista” (la nueva equivalencia) y loca. Esos son los designios socioculturales que merezco. Cuando el pensamiento no alcanza, aparece el odio a las diferencias.

              ¿Esto es ciencia cognitiva conductual? Reproducir estereotipos, represiones, vulneraciones, censurar transcursos creativos y modos eróticos. Cientificismo sustentado en un patriarcado fijo aún como entelequia. Asimismo, surge la denigración de la ley Nº 20.418  ESI (Educación sexual integral) en un estado de controversias netamente ideológicas adultocentristas.

              Este profesional clínico no tiene el dominio para conversar responsablemente sobre derechos inscritos en mi sexualidad, deseo, placer, goce. Lanza una frase icónica: “así que disfrutas del sexo” ¿Quién no? Su masculinidad cómplice haciendo gala clínica, escenificándome su club de toby en el espacio terapéutico: “Mis amigos y yo no tocamos a las mujeres de mis amigos”. Luego, aparece otra cándida frasecita: “Un amigo dice que hay que tomar después de las 12.30”. Este hombre fuera de la Docta Ignorantia, cada vez que se ve sobrepasado de teorías y conocimiento utiliza la siguiente muletilla: “tal cual”. Para él, yo tengo un trastorno xx, y desde ahí me lee, me corrige y me subordina.

              Otra praxis denigrante del profesional ocurre cuando me lo cruzo camino a casa justo antes de medianoche de año nuevo; frente a su pareja me dice: “Guapa”. No entiendo.

              Imposibilitado de luces de autorreflexividad para sus límites interpretativos, puntos ciegos, carencias teóricas. Profesionaliza sus constantes discriminaciones políticas, de género, raciales, de clase, de cuerpos. Este sujeto construye de esta manera su verdad objetiva. Incorpora en ella,  sus prejuicios y locus de dominio. No alcanza siquiera a conjeturar los dilemas éticos en su práctica clínica cotidiana.

              Como punto cúlmine, en una de las sesiones señalo que me siento rara, y menciono que utilizo el concepto rara desde la teoría queer. Recibo censuras y malas comprensiones de esta analogía y otro “tal cual”. Profesional que no sabe distinguir entre condiciones estructurales, del entorno, situacionales, circunstanciales, tipos de socialización y producción de conocimiento. Certero en los determinismos. Realiza también impune una excesiva psicologización de los fenómenos sin cuestionar epistemes.

              Trastoca la capacidad de nombrar por la capacidad de categorizar patologías. Y a partir de todo este historial, yo no tengo un trastorno xx, no tengo siquiera una condición permanente, o mi última esperanza  en estos actos de habla en suspensión; es el cliché  de estos últimos años: “tú no eres tu diagnóstico”. Lo hubiese preferido.

              Yo soy eso para esta dupla la desobediencia, y la insurrección: Usted es xx, usted es xx, usted es xx… como corrección de pasillo escolar.

Nota VI.

              La conclusión en consecuencia es que eso soy: estas categorizaciones sedimentadas en mi cuerpo. Estasse imprimen en este plano conversacional asimétrico. Sin distinciones primordiales entre el yo, mi identidad y mi constitución como sujeta hemos llegado hasta acá.

              Ahora, después de todo esto, la identificación con la patología mental es mi interrogante. Desde luego, me preguntan: ¿Por qué? Las cartografías performativas entre consultas psicológicas, psiquiatras, compra de medicamentos, licencias médicas, exámenes de laboratorio, y organización de presupuestos han fortalecido esta configuración.  Después de veintiún años abro la caja negra de estas prácticas privadas, confidenciales supuestamente sostenidas en altos estándares ético – profesionales (B. Latour, 2001). ¿Qué lugar ocupa hoy el Juramento Hipócratico?[3]. ¿Qué tipo de vigilancias tiene la especialización psiquiátrica?

              Así, esta macrovariable patológica consolidó tal rendimiento explicativo de mis conductas, comportamientos, ánimo, inteligencia, relaciones afectivas, desarrollo laboral, mis deseos corporales, mi creatividad, y mi relación con el mundo. Un aparato totipotencial ¿Es una variable? Todo lo que yo intenté decir en estos espacios fue succionado desde este prisma.

              Fui uno de los tantos electrodomésticos que ha descrito últimamente la psicoanalista chilena Constanza Michelson ¿Cómo? He sido violentada, traumatizada, vuelta una vez más un objeto desde la mimesis y transferencia en ambos espacios ya denotados, que son espacios cautivos por operadores técnicos inhumanos en mi trayectoria vital. Justamente la definición constante desde esta categoría reforzada por otros espacios de socialización, me hizo sentir inmóvil y sin poder hablar. Recuerdo elocuente La enfermedad del dolor,  título de la poeta Alejandra Gónzalez Celis, pero del dolor psíquico irremediable. (Del temple, 2000)

Nota VII.

              Otros afectos relatan un sinnúmero de experiencias con psiquiatras, me advierten “los psiquiatras son así o no  hay malas intenciones”, razonamientos definitorios, burdos y autocomplacientes.

              Los relatos van desde sujetos que fuman marihuana de cuando en vez, y reciben la categorización inmediata de consumidores problemáticos de drogas. Un trío de diagnósticos errados: dos trastornos bipolares tipo II y una esquizofrenia infantil. Sigue la patologización de la homosexualidad, bisexualidad y otras diversidades/ disidencias sexuales vigentes entre el 2015 hasta ahora.  Otro par de psiquiatras que han negado su atención en presencia de la paciente en más de una ocasión, solicitando igualmente su pago.

              Obligaciones y mandatos en el discurso para nosotras las pacientes -qué francamente han abusado con respecto a esta denominación conceptual-.  En estos relatos, nuestra autonomía queda afuera, nuestro lenguaje queda fuera, nuestras historias constitutivas se omiten. Esto cala en los espacios donde osamos confesar que hemos pisado la consulta de un psiquiatra (Estigma, la identidad deteriorada, Goffman, Amorrortu, 2003).

              Increpo a mi psiquiatra con las categorías que el mismo me otorgó. Se molesta. Mi propia producción de libertad es haber salido de ahí para no volver. Una salida tejida luego de veintiún años de sentencia, percibo ahora una maduración como sujeta adulta.

Saber que al dar continuidad a mi antigua psicóloga clínica – psicoanalista con otros híbridajes, puedo respirar. Al evaluarme, me calma e indica que no tengo un trastorno xx, que no soy ese diagnóstico xx. Me invita silenciosa y respetuosamente a despojarme de esos lenguajes iracundos sin decirme nada más. Me acompaña ella, mi terapeuta M en este baile – cahuín entrelazado de sabidurías y conocimientos.

              Mis análisis y reconocimientos son compartidos con un equipo profesional interdisciplinario gracias a mi hermana pequeña, y a su fuerte red de mujeres. Sigo con mi hermana del medio que me asesora desde su saber mestizo. A La sabiduría de Carola por ese lujo de pasaje textual, y a N R por haberme invitado a conocer a M.

              Quizás como cierre ver o leer “Je suis un monstre qui vous parle” o “Soy el monstruo que os habla” de Paul B. Preciado.[4] Un Preciado, controvertido desde nuestra pérdida de la capacidad analítica fuera de lo monocorde, fuera de lo impresionista, dejando espacio únicamente para una Polaroid instantánea.

              Se ha abierto al menos una contingencia para detener sus, nuestras y mis clausuras discursivas en este débil terreno que anidamos en distintas condiciones y divergencias.

Valentina Paz Osses Cárcamo. Socióloga PUC Post- título en Enfoque de Género y Políticas Públicas FLACSO-CHILEDiplomado en Metodologías de Investigación Social PUCVStage au Laboratoire d’industries culturelles et création artistiqueUniversité Sorbonne Paris Cité 13 été 2017© Doctora en Sociología, Universidad Alberto Hurtado.https://uahurtado.academia.edu/ValentinaPazOssesCarcamo

Este texto fue enviado al psiquiatra de la Nota III y a su dupla cognitivo conductual.


[1]Visitar sitio de entrevista Debate Feminista. Url: (http://www.debatefeminista.pueg.unam.mx/wp-content/uploads/2016/03/articulos/002_29.pdf)

[2]    Ver Url: https://www.elmostrador.cl/cultura/2019/03/05/neurocientifica-suiza-descarta-que-haya-diferencias-de-genero-a-nivel-cerebral-nuestro-cerebro-es-plastico-de-hecho-es-queer/

[3]      Ver Url: http://www.colegiomedico.cl/documentos/juramento-hipocratico/

[4] Youtube, 2020 (https://www.youtube.com/watch?v=0iL0yAE4sAE&t=825s).

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